Lisboa, una ciudad para visitar, un paraíso para el estomago

Hace unos días nos fuimos de viaje sorpresa, sorpresa para mí, a Lisboa, una ciudad que hacía muchísimo tiempo que quería visitar y que simplemente me ha enamorado, me ha enamorado porque es una preciosa ciudad para visitar y un paraíso para el estomago.

Volamos con Vueling a Lisboa saliendo de Barcelona y aterrizamos en la capital portuguesa, al llegar al aeropuerto lisboeta, el Aeroporto de Portela nos decidimos por ir al centro de la ciudad en Metro.

Lo cierto es que es una opción barata, una cosa veréis que normalmente en las taquillas automáticas hay billetes ahí enganchados, coged uno y probad de recargar la tarjeta, más que nada porque así os ahorrareis coger una tarjeta vosotros (tampoco es ninguna ruina, unos 50 céntimos si no recuerdo mal).

Con el metro llegamos al centro donde teníamos el Hotel, en este caso el Hotel Santa Justa que está situado de cine y con un acceso fácil y rápido, desde la salida del metro en Rossio tardamos menos de 5 min en llegar a la puerta del hotel, hotel que depende que habitación os den tiene vistas al ascensor de Santa Justa.

Como llegamos en el último vuelo la noche del viernes fue cenar…y a dormir que al día siguiente había mucho que visitar.

La verdad es que Lisboa no es ciudad para verla en dos días, tiene mucho que ver y nosotros lo hacemos casi todo a pata…con lo que los tiempos se nos alargan un pelín, pero ese ir a pie nos da pie a encontrarnos la vida propia de la ciudad.

Con la vida propia me refiero a que yendo al Panteón fuimos andando por el barrio de afama, donde yendo camino al panteón fuimos andando por Rúa dos Remedios y nos encontramos una fiesta popular del barrio, algo que hizo que nos encontráramos de pleno con una de las cosas más portuguesas que existen, el Fado, ya que había diversos cantantes que iban cantando sus preciosas canciones.

Nosotros que somos de levantarnos pronto salimos del hotel y bajamos dirección al Tajo, dirección a la Parça do Comercio, donde si vais pronto veréis unos chicos con paraguas azules, esos chicos hacen tours gratis (donde tu solo pagas lo que creas conveniente) y si no recuerdo mal nos dijeron que el tour dura unas dos horas y cuarto o algo así, tienen también otros tours, que esos ya tienen precio prefijado pero quizás pueda ser una opción interesante si queréis que os cuenten cosas curiosas de la ciudad (nosotros que somos muy independientes no lo hicimos, pero no descarto en futuras visitas hacer alguno, porque tenía bastante buena pinta).

Bien si seguís bajando y llegáis hasta el Tajo tendréis unas magníficas vistas del Ponte 25 de Abril, que es como el Golden Gate pero en versión portuguesa, nosotros fuimos bordeando el Tajo y luego subimos buscando ir a ver la Igreja do Loreto situada en la Praça Luis de Camoes.

Decir también que en esa plaza se ven casas con azulejos, que son bastante típicas de Lisboa, de la iglesia de Loreto subimos por la rúa de la misericordia en busca de uno de los miradores de la ciudad, en concreto el Miradouro de Sao Pedro de Alcantara.

Una vez llegados allí y hecho las fotos de rigor bajamos por la calçada de la gloria, pasamos del barrio alto a la plaza dos Restauradores donde tienen el monumento dos restauradores, que es un obelisco en el centro de la plaza que representa la Libertad y la Victoria, mide 30 metros y fue creado en 1886, en esta plaza sirve de homenaje a todos los que murieron durante la batalla de reconquista de Portugal a los españoles, el obelisco presenta diferentes figuras y símbolos en bronce que representan la victoria, la corona y la libertad así como las fechas y los nombres de las diferentes batallas de la Guerra de la Restauraçao.

De ahí fuimos obviamente andando hasta la praça de Martim Moniz, caballero portugués que participo en la reconquista cristiana de la ciudad .

Según la leyenda durante el asedio al castillo de San Jorge Martim Moniz interpuso su cuerpo en una de las puertas para evitar que los árabes las cerraran y permitiendo así el paso de los cristianos al interior del castillo, esa puerta fue llamada Puerta Martin Moniz en homenaje al caballero.

En esta plaza cogimos el tranvía nº 12, que nos llevaría hasta las cercanías del castillo de San Jorge, coger uno de los antiguos tranvías, y adentrase por las estrechas callejuelas de la vieja Lisboa es sin duda una experiencia que no podéis perderos, calles estrechas con puntos en que dices no pasamos, no pasamos…pero acabas pasando.

Tras una maravillosa travesía con el 12 nos bajamos en Miradouro Santa Luzia, donde tuvimos unas magníficas vistas y enfilamos montaña arriba hacia el Castelo de S.Jorge.

La verdad vale la pena pagar la entrada al castillo, las vistas de la ciudad son simplemente impactantes y el castillo está perfectamente conservado, y encima pasaba un aire fresquito que nos fue de cine ya que veníamos ahogados de la subida (Lisboa está literalmente hecha en subida, pero subida, subida).

Al salir del Castillo volvimos al mirador y fuimos bajando por la Rúa Limoeiro legando a la catedral de Lisboa, un pelín más abajo encontramos la igreja de santo Antonio de Lisboa que también visitamos, pero todo eso lo hicimos tras una parada técnica para reponer fuerzas.

Paramos a comer en un restaurante llamado Le Petit Café, fue pasar por delante de su terraza  y un pulpo nos dijo…cómeme, la verdad es que la pinta era tremenda y íbamos acalorados y cansados así que tardamos nada y menos en sentarnos a comer.

La verdad es que comer en Portugal es comer de cine, en Le petit café nos pedimos un pulpo típico, unas gambas y una ensalada de tomate y mozzarella y fue simplemente sublime, lo rematamos con un tiramisú de maracuyá que quitaba el hipo y mientras de fondo veíamos a la selección argentina en un partido repetido del mundial.

Después de comer nos fuimos hasta lo que es la catedral de Lisboa que esta a 5 min del Petit Café y de ahí a la Iglesia de Santo Antonio, seguimos bajando y luego nos fuimos en dirección a Casa dos Bicos que esta en la parte baja del Barrio de Alfama, una casa situada frente al tajo y muy cerca de la plaza del comercio.

El nombre de Casa dos bicos viene dado por su característica fachada, hecha con piedras talladas en forma de diamantes o picos (bicos), cuando estéis fijaros también en sus puertas y ventanas, todas son de estilos y tamaños diferentes.

Este palacete lisboeta perteneció al virrey de la India, Alfonso de Alburquerque, es de etilo renacentista y en un olivo reposan las cenizas de uno de los mejores escritores portugueses, José Saramago, el edificio es actualmente la sede de la Fundación José Saramago.

De ahí fuimos subiendo y paladeando el sabor de las calles del barrio de Alfama, y tuvimos la suerte de encontrar cerca del museo del Fado una fiesta de barrio típicamente lisboeta, ahí pudimos oír un rato como diferentes cantantes se dejaban la voz cantando fados ante un público entregado.

El fado no es que me entusiasme particularmente, pero encontrártelo en las calles de Lisboa, en el barrio de Alfama lo convirtió en un momento muy especial y bonito.

Dejamos el fado y seguimos subiendo por la rúa do Terreiro do trigo en dirección hacia el Panteón Nacional.

Al Panteón Nacional se llega tras una subida de esa que has de hacer con piolet, ya que el campo de Santa Clara que es donde está el panteón es una calle…hecha en subida.

El Panteón era antes conocido como la Iglesia de Santa  Engracia y es una construcción barroca que se empezó en el S.XVII y se termino en…1966, vaya parece la obra de la Sagrada Familia de Barcelona pero aun más a lo bestia.

Cuando uno entra en el Panteón la verdad es que de sensación de entrar en una antigua iglesia…nada de nada, es mas en la actualidad el Panteón es un punto donde se entierra a portugueses celebres, y en su interior podemos encontrar los cenotafios (bonito palabro) de portugueses de postín, Vasco de Gama, el futbolista Eusebio o Luis de Camoes por citar algunos.

Pero la verdad es que lo mas interesante es subirse al ultimo piso y desde el mirador ver las espectaculares vistas de la ciudad…comprobareis que vale mucho la pena subir, porque las vistas son excepcionales, (eso sí, un pastelito de nata para la subida no ira mal).

Tras el Panteón volvimos a bajar y justo enfrente de las piscinas que hay en la calle  campo de Santa Clara hay un pequeño local que solo venden chocolates…ahí hicimos parada técnica y me chute mi dosis chocolatil..impresionantes.

Chocolate en mano…o estómago, bajamos hasta la zona del Museu Militar donde fuimos a buscar la parada de Metro de Santa Apolinia… una vez en el metro nos bajamos en Terreiro do Paço y fuimos enfilando hacia el Hotel, en concreto el Hotel Santa Justa, un 4 estrellas que tiene vistas al elevador de Santa Justa.

Obviamente íbamos al hotel…y acabamos…en el elevador de Santa Justa donde había una cola de una hora para poder subir, por suerte un chico nos paró y nos comenzó a hablar, era de un tour de esos que son gratis y que solo has de pagar lo que a ti te apetezca (son los chicos de los paraguas azules que os comenté más arriba).

El chico muy amable nos dio un truquito para no hacer cola y sobre todo no pagar por subir al ascensor…es sencillo, cogéis y subís la calle donde esta el ascensor, pasáis el ascensor y justo enfrente hay una tiendecita pequeña, entrad, dentro hay un ascensor que os subirá hasta el convento do Carmo, y desde ahí podéis llegar a la plataforma con vistas del elevador de Santa Justa y solo deberéis pagar el euro y medio que cuesta subir, y ojo, vale la pena porque las vistas son tremendas.

El comvento do Carmo es una curiosidad, ya que …no tiene techo, es un templo gótico que se quedo sin techo tras el terremoto de 1755, en el convento podréis encontrar una puerta olvidada pero importante, justo al lateral del convento, una puerta pegada a unas escaleras medio derruidas, esa puerta en su momento fue muy importante ya que se trataba de una porta real, una puerta que conectaba el convento con el palacio real que había en la colina de enfrente y por eso esta decorada con el emblema de la dinastía Avis, unas flores de lis.

Saliendo de elevador, bajas las escaleras y con vistas al convento encontramos una terraza, donde nos metimos un mojito y una caipirinha que estaban de muerte (de muerte y fuertecillos).

Tras descansar un rato, volvimos al hotel haciendo el camino inverso que hicimos para subir y nos fuimos al hotel donde tras ducha refrescante y relajante nos preparamos para cenar.

Para la cena pensamos en comer marisco y preguntamos en la recepción del hotel donde podíamos comer una buena mariscada, nos dio tres opciones y optamos por un restaurante que se llama Mar ao Carno y simplemente…acertamos de pleno.

La mariscada fue exquisita (y nos salió la broma por 50 euro por barba), la dirección es largo do Carmo 21, Lisboa, y vale muy mucho la pena visitarlo y deleitarse con su comida.

De vuelta al hotel fuimos paseando y callejeando por la zona y la verdad es que es una zona agradable y repleta de vida, algo que invita aun mas a callejear y pasear.

Dia dos en Lisboa

El segundo día teníamos el tiempo justo, así que nos levantamos pronto, nos enchufamos pastelitos de nata y cogimos el tranvía nº 15 en Rosio y este nos llevo al barrio de Belem, que esta mas allá del puente del 25 de abril donde visitamos 2 cosas básicamente, el Mosterio dos Jerónimos y la Torre de Belem.

El monasterio de los Jerónimos es una maravilla declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 1983, y es ejemplo de la arquitectura manuelina en Portugal, la fachada de 300 metros es brutal y el claustro una maravilla, cuenta además con una iglesia que quita el hipo y la pega es la hora larga de cola que nos pegamos para entrar, eso sí, sed listos, coged la entrada combinada con la torre de Belem…os ahorrareis una buena cola en la torre.

Tras salir de los Jerónimos nos fuimos andando, 10-15 min máximo, a la Torre de Belem, y suerte que teníamos entrada precomprada porque la cola era de mínimo 2 horas larga y con el pase en 20 mi aprox estábamos dentro.

La torre data del siglo XVI  y es una pequeña fortaleza para proteger la entrada al puerto a través del Tajo, con el tiempo se ha usado como centro recaudador de impuestos o incluso prisión.

La escalera de caracol para subir al baluarte es claustrofóbica y extenuante pero vale la pena subir hasta arriba del todo para disfrutar de las vistas…y el airecito que sopla a las puertas del atlántico.

Tras salir de la torre cruzamos la autopista por el paso elevado y subimos un par de calles, cuando veías cables de tranvía, a la izquierda y allí volvimos a tomar el 15 para volver al punto de partida.

NOTA : queríamos comprar pastelitos de nata en Belem…pero mas de una hora de cola…no la hicimos, me quede con ganas de probar los de cerveza pero íbamos justísimos de tiempo y simplemente…no se podía.

De vuelta paramos en la parada de Casi do Sobre y nos fuimos a comer al Mercado da Ribeira donde cayo un lechón a baja temperatura tremendo, eso sí..ahí hay que ir armado para conseguir sentarse…porque es brutal la de gente que hay en esta food gallery en plan gourmet.

Eran ya las tres y pico largas y decidimos ir tirando tranquilamente al hotel, recogimos nuestras cosas y sobre las 17:00 cogíamos el metro para ir al aeropuerto donde Vueling nos dejo 3 horitas colgados, algo que hizo que entre pitos y flautas llegáramos a casa, en Barcelona a las 3 de la mañana…pero eso es otra historia.

Resumen: Lisboa es una ciudad maravillosa, donde decir que se come de cine es quedarse muy corto, buen comer, buen beber, y en mi caso buena compañía hacen de este viaje un viaje precioso que me ha dejado unas ganas locas de volver.

Volver para acabar de ver las cosas que no vimos, para pasear y callejear por sus calles, para visitar la zona de la exposición universal, para comer pastelitos de nata y mariscada, para volver a subirme a uno de sus viejos pero maravillosos tranvías e ir pensando…joder esto por aquí no pasa…esto por aquí choca con la pared…pero pasa y no choca, además la gente de Portugal es simplemente maravillosa y Lisboa es simplemente eso…maravillosa

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